
Estoy nadando en un mar de ambivalencias y emociones encontradas.
Sé que tomé decisiones de las que no me arrepiento porque en su momento creí que fueron acertadas, y aún hoy, sé que fueron acertadas. Pero no puedo dejar de sentir un dolor punzante ante ilusiones desvanecidas. No es la primera vez que me ataca y me oprime, aunque espero que con el tiempo se espacie más... hasta que deje de acompañarme para siempre.
Otro dolor que me mata, es el de no haber sabido decir mil y una cosas. Mil y una maravillas que viví dentro de aquella ilusión, y que repetiría una y otra vez aún sabiendo que serían algo efímero y volátil.
Mil maravillas. Mil: sonrisas que deshacen la piel, palabras que van directas a anidar en el corazón, letras escritas desde el alma, caricias celestiales, miradas transparentes, sabores de tierra y barro, olor a fuego...y...así mil maravillas. Mil.
Fue lo más cerca que estuve de vivir el sueño que persigue mi ser.
Lástima que no fuera el sueño que persigue mi ser. Pero aún así, hoy me siento afortunada. Y nostálgica.
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